Cuando un hombre con disfunción eréctil busca información sobre tratamientos, suele encontrar listas de opciones ordenadas de menor a mayor invasividad. Lo que raramente encuentra es una explicación de por qué para cada perfil de paciente hay un tratamiento más adecuado que otros. Esa es precisamente la lógica de las guías clínicas de la Asociación Europea de Urología (EAU), actualizadas en 2024.

Este artículo no describe los tratamientos de forma genérica. Explica qué factores determinan qué opción es la más adecuada para cada situación. El objetivo es que llegues a tu consulta con el urólogo con las preguntas correctas, no con las respuestas ya decididas.

75–80%
de tasa de respuesta global a los inhibidores de fosfodiesterasa tipo 5 en pacientes seleccionados Fuente: Metaanálisis Cochrane sobre iPDE5 — 2014

Por qué no existe "el mejor tratamiento"

La disfunción eréctil no es una enfermedad única. Es un síntoma con múltiples causas posibles: vascular, neurológica, hormonal, psicológica, iatrogénica o, con mucha frecuencia, una combinación de varias. El tratamiento óptimo depende directamente de cuál o cuáles de esas causas están presentes en cada paciente.

Las guías EAU 2024 adoptan un enfoque secuencial y personalizado. El punto de partida no es "¿qué tratamiento es más eficaz?" sino "¿cuál es la causa de la DE en este paciente y cuáles son sus comorbilidades?". A partir de ahí, el algoritmo clínico va avanzando en complejidad solo cuando los escalones anteriores no son suficientes o están contraindicados.

Esto tiene una implicación práctica: un hombre de 35 años con DE de inicio brusco, erecciones nocturnas conservadas y una relación de pareja con conflictos recientes necesita un tratamiento radicalmente diferente al de un hombre de 60 años con diabetes tipo 2, hipertensión y DE de instauración progresiva durante los últimos dos años. Darle a ambos la misma pastilla y esperar el mismo resultado es, en el mejor caso, ineficiente.

Modificación del estilo de vida: la base obligatoria

Las guías EAU 2024 son explícitas: la modificación del estilo de vida es el punto de partida en todos los pacientes con DE, independientemente de si se va a añadir un tratamiento farmacológico o no. No es una opción alternativa para los que quieren evitar medicación. Es la base sobre la que se construye cualquier otro tratamiento.

El fundamento clínico está bien documentado. Un metaanálisis publicado en el Journal of Sexual Medicine por Gupta et al. en 2011 analizó los resultados de intervenciones de estilo de vida en pacientes con DE moderada. Los cambios en el estilo de vida como intervención única —sin fármacos— mejoraron la función eréctil en el 29% de los casos. En hombres con DE de origen predominantemente vascular y factores de riesgo cardiovascular controlables, esa cifra puede ser mayor.

Las intervenciones con mejor evidencia incluyen la actividad física aeróbica regular (150 minutos semanales de intensidad moderada), la reducción de peso en hombres con obesidad, el abandono del tabaco y la moderación en el consumo de alcohol. Cada uno de estos factores actúa sobre la función endotelial, que es el mecanismo fisiopatológico central de la DE de origen vascular.

Tratar la causa antes de tratar el síntoma

Antes de prescribir cualquier tratamiento para la DE, la evaluación clínica debe identificar si hay causas subyacentes tratables que, al corregirse, pueden resolver o mejorar la disfunción eréctil sin necesidad de tratamiento específico.

La hipertensión arterial es una de las causas vasculares más frecuentes de DE. Un control tensional adecuado mejora la función endotelial con el tiempo. Sin embargo, algunos antihipertensivos —especialmente los betabloqueantes no selectivos y los diuréticos tiazídicos— tienen como efecto secundario documentado la disfunción eréctil. Un urólogo y un cardiólogo pueden plantear un cambio de medicación antihipertensiva a familias con menor impacto sobre la función sexual (inhibidores de la ECA, ARA II, bloqueantes de calcio) sin comprometer el control tensional.

La diabetes mellitus, tanto tipo 1 como tipo 2, es otro factor causal frecuente. La DE aparece en el 35–75% de los hombres diabéticos. El control glucémico riguroso no revierte necesariamente la DE establecida, pero sí ralentiza su progresión y mejora la respuesta a los tratamientos.

El hipogonadismo —niveles bajos de testosterona confirmados analíticamente— puede ser causa directa de DE o puede reducir la respuesta a los inhibidores de PDE5. En estos casos, el tratamiento sustitutivo con testosterona puede mejorar tanto el deseo sexual como la función eréctil, y potenciar el efecto de los fármacos de primera línea. Los hábitos de vida también influyen en los niveles hormonales: el sueño, la dieta y el ejercicio tienen impacto directo sobre la testosterona de forma natural.

Los fármacos iatrogénicos merecen una revisión explícita. Los antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), los antipsicóticos, los betabloqueantes, los diuréticos tiazídicos y algunos antihistamínicos pueden causar DE como efecto adverso. Antes de añadir un tratamiento para la DE, revisar la medicación activa con el médico prescriptor es siempre razonable.

Inhibidores de fosfodiesterasa tipo 5: la primera línea

Los inhibidores de PDE5 —sildenafil, tadalafil, vardenafil, avanafil— son el tratamiento farmacológico de primera línea para la DE en la gran mayoría de los pacientes. Su mecanismo de acción ya fue descrito en el artículo sobre causas de la DE: bloquean la enzima que degrada el GMPc en los cuerpos cavernosos, prolongando la vasodilatación y facilitando la erección ante la estimulación sexual.

Ese último punto es importante: los iPDE5 no producen erecciones por sí solos. Requieren estimulación sexual previa para que el sistema nervioso libere óxido nítrico. Un paciente que toma sildenafil y no tiene deseo sexual o no hay estimulación no tendrá erección. Esto no es un fallo del medicamento; es su mecanismo de acción. Aclararlo en consulta evita muchas expectativas frustradas.

La eficacia global de los iPDE5 en pacientes correctamente seleccionados ronda el 75–80%. Sin embargo, esa cifra varía significativamente según la causa subyacente: es más alta en DE de origen psicológico o leve-moderada vascular, y más baja en DE secundaria a cirugía radical de próstata o a neuropatía diabética avanzada.

Contraindicaciones absolutas

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Contraindicación absoluta: nitratos y estimuladores de guanilato ciclasa

La combinación de inhibidores de PDE5 con nitratos orgánicos (nitroglicerina, isosorbide dinitrato o mononitrato) o con estimuladores de guanilato ciclasa (riociguat) produce hipotensión grave, potencialmente fatal. Esta contraindicación no tiene excepciones ni depende de la dosis. Los hombres que toman nitratos para la angina de pecho no pueden usar iPDE5. El urólogo y el cardiólogo deben coordinarse para evaluar alternativas.

Cuándo la terapia psicológica es el tratamiento de elección

Las guías EAU 2024 señalan que la terapia psicosexual —sola o combinada con tratamiento farmacológico— es la intervención de primera elección cuando la DE tiene un origen predominantemente psicológico. Identificar ese perfil no siempre es fácil, pero hay indicios clínicos orientadores.

Hablan de origen psicológico la aparición brusca de la DE (sin causa orgánica identificable), la presencia de erecciones nocturnas y matutinas conservadas (que indican que la vascularización funciona), la DE situacional —solo con determinadas parejas o en determinados contextos—, y la asociación temporal clara con un evento estresante, una relación conflictiva o un duelo. La ansiedad de rendimiento sexual es uno de los factores psicológicos más frecuentes en la DE de aparición brusca.

La terapia cognitivo-conductual (TCC) y la terapia sexual estructurada, que incluye técnicas de focalización sensorial desarrolladas originalmente por Masters y Johnson, tienen evidencia sólida en DE psicógena. Un ensayo aleatorizado publicado en el Journal of Consulting and Clinical Psychology en 2007 mostró que la TCC combinada con iPDE5 producía mejoras más sostenidas a los 6 meses que los fármacos solos, debido al componente de reestructuración cognitiva de la ansiedad de rendimiento.

Cuando hay una relación de pareja implicada, la terapia de pareja tiene resultados superiores a la terapia individual en la mayoría de los casos. La disfunción eréctil afecta a ambos miembros de la relación, y los patrones de evitación, comunicación y expectativas de la pareja influyen directamente en la recuperación.

Segunda línea: alprostadil intracavernoso e intrauretral

Cuando los inhibidores de PDE5 son insuficientes o están contraindicados, el siguiente escalón son las preparaciones de alprostadil, una prostaglandina E1 sintética que actúa directamente sobre el tejido eréctil del pene, produciendo vasodilatación independientemente del sistema nervioso. Por eso es eficaz en pacientes con neuropatía diabética o en hombres que han sido intervenidos de prostatectomía radical.

El alprostadil intracavernoso —inyección directa en los cuerpos cavernosos— tiene una tasa de eficacia del 70–85% incluso en pacientes que no responden a los iPDE5. La principal limitación es la técnica de administración, que requiere un aprendizaje inicial en consulta pero que la mayoría de los pacientes asume sin problemas al cabo de dos o tres intentos. El efecto aparece en 5-15 minutos y dura entre 30 y 60 minutos, independientemente de la estimulación sexual. El dolor local es el efecto adverso más frecuente, presente en aproximadamente el 30% de los usuarios.

El alprostadil intrauretral (MUSE: Medicated Urethral System for Erection) es menos invasivo —se administra como un supositorio en la uretra— pero también menos eficaz, con tasas de respuesta del 30–65% según los estudios. Puede ser una opción para hombres que rechazan la inyección intracavernosa.

Tercera línea: prótesis peniana

La prótesis peniana es el tratamiento de última línea de la DE, reservado para pacientes en los que han fallado o están contraindicadas todas las opciones previas. Representa una solución definitiva: una vez implantada, el paciente no depende de ningún fármaco ni dispositivo externo para tener una erección funcional.

Existen dos tipos principales. Las prótesis maleables son cilindros flexibles que se implantan en los cuerpos cavernosos y permiten posicionar el pene para la penetración, doblándolo hacia abajo en situación de reposo. Son más sencillas quirúrgicamente y tienen una durabilidad excelente. Las prótesis inflables de tres piezas son el estándar actual: constan de dos cilindros intracavernosos, un reservorio intraabdominal y una bomba escrotal. Producen una erección que imita más fielmente la fisiológica y se deflactan entre usos.

El nivel de satisfacción de los pacientes con prótesis peniana es sistemáticamente alto en todos los estudios. Una revisión publicada en Urology en 2020 mostró tasas de satisfacción globales por encima del 90% en pacientes con prótesis inflable, con el 85% de las parejas también satisfechas. Este nivel de satisfacción es el más alto de todos los tratamientos disponibles para la DE.

La indicación principal son los pacientes con DE grave refractaria a tratamientos conservadores, especialmente hombres post-prostatectomía radical que no recuperan la función eréctil, hombres con fibrosis cavernosa (enfermedad de Peyronie severa) y pacientes con neuropatía grave de cualquier etiología.

Líneas de tratamiento: comparativa

Tratamiento Línea Eficacia global Ventajas Inconvenientes
Cambios en estilo de vida Base 29% (DE moderada) Sin efectos adversos, beneficio cardiovascular Requiere tiempo y constancia
Terapia psicológica 1.ª (DE psicógena) Alta en DE psicógena Aborda la causa raíz, resultados sostenidos Solo eficaz si hay componente psicológico
Inhibidores PDE5 1.ª 75–80% Oral, bien tolerado, alta eficacia Contraindicado con nitratos. Requiere estimulación
Alprostadil intrauretral 2.ª 30–65% No invasivo, no requiere inyección Eficacia inferior al intracavernoso
Alprostadil intracavernoso 2.ª 70–85% Alta eficacia, independiente del SN Inyección, dolor local, técnica de aprendizaje
Prótesis peniana 3.ª >90% satisfacción Solución definitiva, alta satisfacción Cirugía irreversible, coste, riesgo quirúrgico

Cómo preparar la consulta con el urólogo

La consulta con el urólogo es más productiva si el paciente llega con información concreta sobre su situación. El especialista necesita saber cosas muy específicas para orientar el diagnóstico y el tratamiento.

Lo más útil que puedes llevar es una descripción precisa de la DE: cuándo empezó, si fue de forma brusca o progresiva, si ocurre siempre o solo en determinadas situaciones, si tienes erecciones nocturnas o matutinas, si el problema es obtener la erección o mantenerla, y si hay dolor o deformidad durante la erección.

El cuestionario IIEF-5 (Índice Internacional de Función Eréctil, versión abreviada) es una herramienta validada y ampliamente usada en la práctica clínica. Puedes autoadministrártelo antes de la consulta.

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Cuestionario IIEF-5: autoevaluación de la función eréctil

Puntúa cada pregunta del 1 al 5 (1 = casi nunca/muy difícil, 5 = casi siempre/muy fácil). Periodo de referencia: últimas 4 semanas.

  1. ¿Con qué frecuencia fue capaz de obtener una erección durante la actividad sexual?
  2. Cuando tuvo erecciones con estimulación sexual, ¿con qué frecuencia fueron suficientemente rígidas para la penetración?
  3. Cuando intentó la penetración, ¿con qué frecuencia pudo penetrar a su pareja?
  4. Durante la penetración, ¿con qué frecuencia pudo mantener la erección?
  5. ¿Con qué frecuencia fue difícil mantener la erección hasta completar la relación?

Interpretación: 22–25 puntos: sin DE. 17–21: DE leve. 12–16: leve-moderada. 8–11: moderada. 5–7: grave.

Junto al IIEF-5, es conveniente llevar un listado actualizado de tu medicación, incluyendo dosis y frecuencia. También ayuda saber tus valores de presión arterial más recientes y si tienes antecedentes de diabetes, dislipemia, cardiopatía o cirugías pélvicas.

Por último, si tienes pareja, considerar acudir a la primera consulta juntos puede ser útil. La DE afecta a la relación y, en muchos casos, la perspectiva de la pareja aporta información clínica relevante que el paciente no habría mencionado solo.